Un cuerpo

Nosotros tenemos un cuerpo que va más allá de la anatomía, que resiste las lecturas unívocas. Cada cuerpo es un palimpsesto de lenguajes, escenas vividas, identidades, representaciones. Hay que poder leerlo sin obturarlo con saberes dados. Cada cuerpo habla por sí mismo de una manera única, singular.

¿Qué es un cuerpo?

Según Alexandra Kohan: “Familiar hasta que se vuelve extraño, conocido hasta que se desconoce, silencioso hasta que habla, cómodo hasta que incomoda, detenido hasta que se mueve, dormido hasta que despierta, entero hasta que se fragmenta, seguro de sí hasta que se estremece, controlado hasta que se vuelve indómito, sensato hasta que enloquece, olvidado hasta que se hace inolvidable, negado hasta que duele, melancólico hasta que ríe, anestesiado hasta que desea: propio y ajeno a la vez, el cuerpo no cesa en su insistencia de hacerse presente.”

“Como una visita agradable a veces, pero otras como un intruso, el cuerpo se precipita entre lo soportable y lo insoportable y, en ese entre, escribe —en una lengua imprevisible— su errancia.

El miedo, el dolor, la tristeza, la angustia que solemos sentir son registros subjetivos de un malestar inherente a la condición humana.

En lugar de patologizarlos, es interesante pensarlos como factibles de ser sentidos. Eso nos saca de la sensación de estar siempre en déficit con el ideal —una tiranía de la felicidad y la completud”

La escucha

Es común que cuando compartimos algo que nos pasa, el otro nos
diga: “te entiendo, a mí me pasa lo mismo” o “yo haría tal cosa en tu
lugar…”. Lo dicen tratando de entendernos, pero identificándose con nosotros. Sin embargo, aunque el hecho sea parecido, el sufrimiento nunca es lo mismo.

A veces no queremos que nos entiendan; sólo queremos ser
escuchados en eso que ni nosotros mismos entendemos del todo.
Como escribe Claudia Masin en La desobediencia:

“No te pido que comprendas, te pido que me escuches en silencio cuando hablo, algunas noches, un idioma que yo misma desconozco y que me aterra.”

Quizás escuchar sea justamente eso: sostener el espacio donde el cuerpo pueda hablar en su lengua singular sin ser traducido demasiado rápido. Porque hay algo del sujeto que sólo puede decirse cuando no es apresado por el saber del otro.

Lic. Mariela De Filpo Beascoechea

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Psicóloga | María Elena de Filpo
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