La violencia no es prueba de poder, sino de carencia,
carencia de argumentos, de legitimidad, de reconocimiento. Cuando el triunfo depende de anular al otro, lo que se impone no es la razón sino el miedo, y el miedo nunca funda autoridad.
Ganar implica dos. un reconocimiento mutuo. una medida compartida del resultado.
En una victoria auténtica, el otro no desaparece: permanece como interlocutor, como testigo, como límite. Sin esa alteridad, no hay victoria, hay imposición.
Quien Mata al Otro para “ganar” confunde el silencio con el acuerdo y la obediencia con el respeto.
La autoridad verdadera persuade, transforma, no necesita destruir.
Donde la violencia se presenta como triunfo, lo que se exhibe es la derrota del lenguaje y de la humanidad .
Lic. Mariela De Filpo Beascoechea