Desde el psicoanálisis, la percepción no es un acto puramente sensorial, sino un proceso donde se implica el deseo, el inconsciente y el saber previo del sujeto. Ver no equivale simplemente a recibir estímulos del mundo exterior: lo que vemos está condicionado por nuestros esquemas internos, nuestros saberes conscientes o inconscientes.
Aunque Freud no desarrolló una teoría sistemática de la mirada, dejó claro que no hay percepción sin interpretación, y que toda interpretación implica que aquello que el sujeto ve, está ya filtrado por sus representaciones inconscientes.
Jacques Lacan propone una Frase muy interesante y pertinente que nos permite la diferenciación entre el ver y el mirar:
«Tu ne me regardes pas de là où je te vois»
“tu no me miras desde donde yo te veo”
Lacan establece un diálogo con Michel Foucault, cuando analiza el cuadro de Velázquez, las Meninas y profundiza la diferencia entre ver y la mirada, la perspectiva, el ser mirado.
No voy a entrar en la posición de cada uno, sólo como marco contextual, mientras Foucault ve en Las Meninas un análisis del sistema de representación de la época clásica, Lacan lee el cuadro como una experiencia de la mirada que desestabiliza al sujeto. Dice que al mirar el cuadro descubrimos que somos mirados por él.
Mirar (con los ojos) no es lo mismo que la mirada como experiencia.
En Las Meninas, creemos que estamos observando una escena, pero las miradas de los personajes, el espejo del fondo, la posición del pintor, nos sitúa a nosotros en un lugar que nos afecta en la experiencia de mirar, ocupamos el lugar de aquello que está siendo mirado. (si observan el cuadro, nosotros estamos siendo pintados por él pintor, estamos en el lugar de los reyes que se reflejan en el espejo, posando). El espectador entra así en el cuadro, la escena se organiza desde nosotros que estamos dentro de ella pero sin poder vernos, algo falta. Lo que vemos nunca es la totalidad. Lacan dice que El cuadro “nos mira”, es decir, que el sentido no lo produce sólo quien mira, sino el dispositivo mismo de la representación. Así, el sujeto descubre que no manda en lo que ve.
Cuando Lacan dice que Las Meninas nos mira, demuestra que la experiencia de ver implica siempre ser afectados por la mirada, quedar expuestos, en una perspectiva diferente a la de observadores pasivos. El cuadro no es un objeto pasivo: es una escena que nos incluye y nos afecta.
Así también, en todo vínculo, la experiencia de mirar va más allá del ojo: implica un desafío de descubrimiento, porque en la relación no solo vemos al otro, sino que algo de nosotros se revela al ser mirados.
Lic. Mariela De Filpo Beascoechea
«En El ojo y el capital, Remedios Safra reivindica la necesidad del párpado para pensar . Una realidad del exceso, de la velocidad, de elogio de lo inmediato, que conduce a que el ver ya no sea un mirar.
Cerrar los ojos como forma de rebeldía de los cuerpos frente a la pérdida de espacios para pensar desde el arte y la filosofía porque cerrar los párpados abre la posibilidad de generar silencio» .
Carmen Dalmau, «Elogio de la mirada»





