Mi formación docente me había acercado a la universidad de Psicología con la idea inicial de especializarme en Pedagogía. Sin embargo, luego de comenzar a estudiar Psicoanálisis y Psicopatología, me sentí profundamente apasionada por conocer cada vez más cómo funcionaba la mente y, sobre todo, los modos en que se podía intervenir para mejorar la vida de las personas.
En general, cuando uno estudia, empieza a relacionar lo que lee con su propia vida. Por eso, desde mi época de estudiante universitaria, tuve mi espacio de análisis personal para revisar y comprender mi modo de funcionamiento, enriquecer mi personalidad y mi carácter, y resolver mis conflictos. Este camino de psicoterapia personal es muy importante en la formación profesional de un psicólogo que se dedica a la clínica; los psicoanalistas lo tenemos muy incorporado.
Todo psicólogo, cuando atiende a un paciente, tiene en su mente un modelo teórico-clínico desde el cual escucha, piensa e interviene. Ese modelo da coherencia al camino que diseña para lograr el cambio psíquico en el consultante. A su vez, el modelo al que hemos adherido tendrá que ver con nuestro recorrido personal, las experiencias vividas y nuestra visión del mundo.
Cuando un Psicoterapeuta psicoanalítico atiende a un paciente, además del modelo teórico-clínico que tenga en su mente, también entran en juego sus características personales, lecturas a lo largo de su vida, capacidad de empatía, su estilo personal, etc., que permitirán un encuentro y una posibilidad de vínculo más favorable para el tratamiento, si el terapeuta ha tenido su análisis personal y si realiza supervisiones clínicas.
Lic. Mariela De Filpo Beascoechea





