Pienso que hay una forma de pobreza que no se mide por la falta de dinero, sino por la necesidad constante de aprobación. Es la pobreza de quienes viven interpretando un personaje, construyendo una imagen de aquello que desean ser para obtener admiración y reconocimiento.
Aparentan todo el tiempo para comprar aplausos, rodeándose de personas que sólo les dicen lo que quieren escuchar. Adulación no es sinónimo de afecto pero ellos lo confunden y creen que crecen con ello. Pero suelen rechazar cualquier cuestionamiento, y así renuncian a la posibilidad de conocerse de verdad.
Son esclavos de la mirada ajena y de ser venerados.
Tener la humildad de aceptar las propias sombras, aprender de las críticas y crecer sin depender del aplauso de los demás nos hace más auténticos y por tanto más libres.





